KINEMA 2400Vol.28

TM MAGAZINE  3 de noviembre de 2026

Horoki de Mikio Naruse|«Horoki no es todo lo que soy»

La película que Mikio Naruse hizo de la novela Horoki de Fumiko Hayashi. La Hayashi de Hideko Takamine sigue escribiendo y publicando por muchas veces que la rechacen. De la celebración del éxito del libro, Naruse pasa de golpe a sus últimos años, deshace la imagen divinizada de la escritora y deja en pie a la Fumiko Hayashi viva.

Esta semana, Horoki (A Wanderer’s Notebook, 1962), de Mikio Naruse.

Como presenté en El bosque del pensamiento, esta obra lleva a la imagen la novela Horoki de la escritora Fumiko Hayashi. Horoki se ha llevado al cine varias veces, pero la que más me gusta personalmente es la de Naruse.

Naruse fue un cineasta con una capacidad técnica y cultural extraordinaria para convertir obras literarias en imágenes. Esa habilidad cineasta se une magníficamente al oficio de actriz de Hideko Takamine, que interpreta a Fumiko Hayashi, y, con el capital cultural de excelentes actores que la rodean, encabezados por Kinuyo Tanaka, Daisuke Kato, Yunosuke Ito, Akira Takarada, Mitsuko Kusabue y Keiju Kobayashi, todo armoniza hasta elaborar una obra magnífica.

Con esta película se puede revivir cómo nació Horoki, de Fumiko Hayashi, pero no es esa la razón por la que valoro tanto la obra. Más bien, lo que la caracteriza es que planteó, desde el lado del contexto de la imagen, cómo llegó a esa posición Fumiko Hayashi, que para entonces llevaba más de diez años muerta.

Porque los hombres comunes, al ver a alguien que ha triunfado como escritor o creador, solo vemos su momento deslumbrante y su figura de éxito, y no intentamos comprender el camino y el contexto que llevaron hasta allí.

Por supuesto, no se trata de verlo como un consuelo fácil para uno mismo, de decirse que todos tienen épocas duras, que todos han pasado por años injustos sin recompensa. Se trata de saber cómo vivieron su vida hasta ese punto las personas que ocupan esas posiciones: dónde lucharon, cómo lo superaron y contra qué siguen luchando todavía hoy. Para mí es importante la perspectiva de comprender el contexto de los predecesores, en el sentido de «conocer» eso.

Horoki es justamente la obra representativa de ello. De niña, Fumiko Hayashi vagó de un lugar a otro por las circunstancias de sus padres, y aun después no se le quitó la costumbre de vagar, pasando de un empleo a otro en Tokio, entre otros como camarera de café. Pero no dejó de escribir. Echó todo su dinero en un libro de poemas, escribió poemas, cuentos infantiles y prosa, y fue presentando una obra tras otra al mundo, conformándose con publicar aunque no hubiera paga. Sin preocuparse de las miradas de nadie, sin deferencia hacia nadie, simplemente siguió escribiendo y simplemente siguió publicando. Aquí se expresa magistralmente la figura de un ser humano que, por muchas veces que la rechazaron, siguió creyendo en su propia obra hasta el final.

Eso mismo acabó siendo Horoki, y como resultado la obra fue muy elogiada y ella pudo salir al mundo de golpe. A partir de entonces se la contó entre los escritores de éxito, y aun así no dejó de escribir.

Lo magistral de Naruse fue la estructura: desde la escena de la celebración por el reconocimiento de Horoki, pasa de golpe a la Fumiko Hayashi de sus últimos años. En la mayoría de los casos esa celebración sería el final feliz, pero aquí las palabras que dice Hideko Takamine, que interpreta a Hayashi, dejan una resonancia.

«Si no escribiera, dirían que Fumiko Hayashi solo supo escribir Horoki. Horoki no es todo lo que soy; Horoki no es todo lo que soy, ¿sabes?».

Con esta frase aflora que la película había puesto esta escena como punto de partida, y la imagen divinizada de la escritora «Fumiko Hayashi» que el espectador había tenido hasta entonces queda deshecha. ¿Y qué ocurre entonces?

Lo que se levanta desde ese contexto deshecho es la figura de la Fumiko Hayashi viva.

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